Mi mano caminado por tus vertebras, pequeñitas. Cada punta de mis dedos pasan arqueando tu espalda y una sonrisa de radiantes dientes de leche se asoman recordandome que eres todavía muy chiquita y me pierdo, me pierdo en tus ojos oscuros y el brillo inocente me hace madre.
Y te acaricio el cabello, ese endulado castaño enredado por una noche de movedisos sueños en que tu cabecita dormida recorria paisajes maravillosos creados por tu imaginación.
Te abrazo fuerte no sea que mañana me pierda la oportunidad de disfrutar tu corta infancia, no sea que el tiempo me enrostre que no aproveche tus 4 años y me abofetee la realidad de ver que el único regalo que podía esperar, eras tu.